Una bolsa generosa

Como un “papa Noel” en navidad, de la bolsa de Odebrecht salían recursos monetarios en dólares para apoyar a todos los candidatos presidenciales en las campañas electorales, incluyendo a muchos congresistas, cuyos nombres aún se desconocen.

¿Esta era una práctica descubierta por Odebrecht? Parece que no, porque siempre han existido empresas generosas ayudando las campañas electorales. Las razones por las que lo hacen son muchas y no se puede juzgar a todas con el mismo rasero.

No dudemos que muchas empresas, lo hacían y seguro seguirán haciendo, porque tienen cierta afinidad con la ideología o programa de determinado partido. Por ejemplo, las empresas mineras han financiado campañas de congresistas de diversas organizaciones políticas, defensoras de la inversión en actividades extractivas.

¿Llegada la hora de votación de alguna ley sobre la minería, el congresista -que no tiene mandato imperativo- será totalmente independientes o saldrá a relucir en ese momento alguna gratitud hacia quienes le ayudaron a llegar al congreso?

Barata ha señalado algo especial: no han pedido nada, ningún tipo de favor. Han dado el apoyo a todos, - incluso pagando al experto en campañas electorales- para garantizar el triunfo o llegar a un lugar expectante.

Entonces, si no había coimas de por medios, ¿todos los mencionados por Barata, son delincuentes que merecen la cárcel? O ¿son políticos agradecidos de un dinero donado para su campaña electoral? La disyuntiva del poder judicial es complicada y dependerá del poder discrecional que tienen los jueces.

Pero, si todos son culpables, porque las declaraciones de Barata son claras, todos los señalados en las declaraciones en sao Paulo deberán acompañar a Ollanta Humala y Nadine Heredia, según sea el caso.

Por el contrario, si deja a unos en libertad y decide encarcelar a otros, con derecho preguntaríamos ¿cuál es la razón para creer en unos casos a Barata y en otros no?

Porque no hay documentos. Son declaraciones y no pruebas. Sabemos que este tipo de donaciones no se sustentan con documentos y se hacen a través de terceras personas. Y así siempre ha sido.

Si algo saldrá en claro, luego de la decisión de los fiscales y jueces, es la subjetividad con la que actúan. Y si miramos hacia atrás, podremos explicar esa subjetividad, más aún revolvemos la etapa universitaria de los magistrados y quizás se encuentre más de una sorpresa.