El indulto: ¿Quién gana y quiénes pierden?

El presidente Pedro Pablo Kuczynski se juega su futuro político con el indulto humanitario a Alberto Fujimori. No cogió de sorpresa a muchos peruanos, pues se veía venir a cambio de los 10 votos que lo salvaron de la vacancia.

Por supuesto, que el presidente Kuczynski y su pragmatismo, por lo menos en los primeros meses estará sometido al fuego cruzado de quienes lo apoyaron contra los intentos de vacarlo y los que lo defendieron o se abstuvieron. Pero en estas condiciones, serán menos los que lo apoyen y más los que lo cuestionen.

Será un alto costo político. Es impredecible lo que sucederá con su partido y su bancada. Si llegó al gobierno con 20 congresistas, luego del indulto se anuncian renuncias de algunos y silencios de otros, silencios que dicen mucho en contra de la decisión del PPK.

Sin una bancada propia, sino debilitada, será un presidente al vaivén de sus aliados, que ya le han exigido un gabinete de amplia base. Eso en términos reales, lo convierte en un mandatario, sin autoridad para gobernar, dejándolo en manos de un presidente del consejo de ministros “conversado” con las fuerzas “aliadas” en el congreso.

En conclusión, si en algún momento estuvo fortalecido PPK en el poder, ahora será un presidente muy debilitado, prácticamente sin liderazgo.

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En el otro escenario están los derrotados, o mejor la derrotada. En la lucha fratricida por la herencia política de Alberto Fujimori, Kenyi demostró mejor habilidad y obtuvo el premio mayor: el indulto para su padre.

La gran derrotada es Keiko. Si conseguía vacar a Kuczynski, hoy sería presidente Galarreta. Nadie duda que de inmediato hubiera indultado a Fujimori. Keiko sería la gran vencedora, con el trofeo de tres cabezas cortadas al hilo y como remate de su faena, el indulto de su “api”.

Como las reacciones al indulto han sido adversas, no se descarta un escenario movido en las calles. Puede ser un verano caliente, con marchas principalmente en contra, dejando los temas de corrupción, Odebrecht y Lava Jato en segundo plano.

Para que no esté sola Keiko y su corte de becerriles, letonas, salaverris y otros, hay otro derrotado. Es Marco Arana, el cura que dejó la sotana para ser político, pero ahora no es ni cura ni político. Es, como dicen algunos caricaturistas, el “idiota de la semana”. Haber presentado la moción de censura, fue jugar a favor del fujimorismo y él lo sabía. Y, eso no lo olvidará la izquierda, a la que dice representar.

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